Carlo Maria Cipolla, (1922-2000) fue un historiador económico italiano. Nació en Pavía, y se graduó en la Universidad de esa misma ciudad en 1944, con una tesis sobre la historia de las explotaciones agrarias en el valle del Po.
A través de la historia económica, con un enfoque humanista de la misma, mostró un mayor interés en las causas que han provocado determinadas situaciones económicas y sociales a lo largo de la historia, que por hechos materiales y cifras concretas. Fue también conocido por sus artículos sobre la superpoblación y sus ensayos sobre la estupidez humana.
Cipolla exploró el controvertido tema de la estupidez formulando su famosa Teoría de la Estupidez, expresada por primera vez en su ingenioso panfleto de 1988 titulado Allegro ma non troppo.
En este escrito Cipolla desarrolla una visión de la gente estúpida como un grupo más poderoso que grandes organizaciones como la Mafia o el Complejo Militar Industrial, (MIC). El grupo de los estúpidos, sin reglamentaciones, líderes o manifiestos consigue ejercer un gran efecto con una coordinación increíble.
La estupidez y sus consecuencias sobre el progreso social se pueden resumir en cinco famosas leyes fundamentales:
Primera Ley Fundamental: Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación. Esto impide que seamos capaces de cuantificar el número de estúpidos que circulan a nuestro alrededor ya que cualquier estimación por alta que sea, se quedará corta.
Segunda Ley Fundamental: La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona. No todos los humanos son iguales ya que unos son más estúpidos que otros. El grado de estupidez viene determinado genéticamente por la naturaleza pero no está asociado a ninguna otra característica de raza, sexo, nacionalidad o profesión. En otras palabras: cualquier individuo, por racional que nos parezca, puede comportarse en un momento determinado de forma estúpida y lo peor es que podría cogernos por sorpresa.
Tercera Ley Fundamental: una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas.
Carlo M. Cipolla clasifica a los seres humanos en cuatro tipos de personas:
Incautos: Aquellos cuyas acciones les causan un perjuicio a sí mismos, pero benefician a los demás.
Incautos: Aquellos cuyas acciones les causan un perjuicio a sí mismos, pero benefician a los demás.
Inteligentes: Aquellos cuyas acciones producen un beneficio para sí mismos, y simultáneamente también benefician a los demás.
Malvados: Aquellos cuyas acciones producen un beneficio para sí mismos, perjudicando a los demás.
Estúpidos: Aquellos cuyas acciones perjudican a otros, perjudicándose a la vez a sí mismos.
Cuarta Ley Fundamental: Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado. Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad. El malvado quiere obtener beneficios causando pérdidas a su prójimo. Ciertamente, esto no es justo, pero es racional, y siendo racional, puede preverse y, por tanto, uno puede preparar una oportuna defensa.Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal y como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida nos perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo racional de prever cuándo, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido uno está completamente desarmado. La persona inteligente sabe que es inteligente; el malvado es consciente de su perversión y el desgraciado incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Pero al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido y esto contribuye en gran medida a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su poder devastador.
Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. El estúpido es mucho más peligroso que el malvado. Si todos los miembros de una sociedad fuesen malvados perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada pero no se producirían grandes desastres. Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar. Pero cuando los estúpidos entran en acción las cosas cambian completamente. Las personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece y entra en decadencia. Por el contrario una sociedad prosperará en la medida en que el porcentaje de individuos inteligentes que en ella reside sea capaz de controlar y mantener a raya a los estúpidos y, al mismo tiempo, producir para ellos mismos y para los otros miembros de la comunidad ganancias suficientes como para que el progreso sea un hecho.
Sería un grave error creer que el número de estúpidos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una sociedad en ascenso. Ambas se ven aquejadas por el mismo porcentaje de estúpidos. La diferencia entre ambas sociedades reside en el hecho de que en la sociedad en declive los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.
Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. El estúpido es mucho más peligroso que el malvado. Si todos los miembros de una sociedad fuesen malvados perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada pero no se producirían grandes desastres. Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar. Pero cuando los estúpidos entran en acción las cosas cambian completamente. Las personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece y entra en decadencia. Por el contrario una sociedad prosperará en la medida en que el porcentaje de individuos inteligentes que en ella reside sea capaz de controlar y mantener a raya a los estúpidos y, al mismo tiempo, producir para ellos mismos y para los otros miembros de la comunidad ganancias suficientes como para que el progreso sea un hecho.
Sería un grave error creer que el número de estúpidos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una sociedad en ascenso. Ambas se ven aquejadas por el mismo porcentaje de estúpidos. La diferencia entre ambas sociedades reside en el hecho de que en la sociedad en declive los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros.
Conclusión:
Cualquier organización formada por una pluralidad de individuos debería componerse, en principio, de una fracción de incautos, malvados, inteligentes y estúpidos proporcional al de la sociedad en la que dicha organización se encuadra. De igual modo el hecho de que los responsables de dicha organización pertenezcan a una u otra categoría determinará en gran medida la capacidad de dicha organización para progresar o entrar en decadencia.
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